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  • Sandra Canudas

El proceso de convertirse en persona (C. Rogers)

En este libro Carl Rogers pone el acento en la relación centrada en el cliente, porque es realmente él quien sabe lo que le afecta, hacia dónde quiere dirigirse o cuáles son sus problemas fundamentales. El terapeuta por tanto, tiene como labor principal el confiar en el proceso y la dirección que toma el propio cliente.

Rogers comenta su aprendizaje más beneficioso: el ser genuino con uno mismo. El comportarse como si uno fuera distinto de lo que es, aparentando, no sirve de ayuda para lograr relaciones positivas con los individuos en general y, con los clientes en concreto.

Rogers concluyó que la mayoría de veces en que no se logra ser útil a otros la explicación radica en el hecho de que ha surgido una actitud defensiva, superficial o en definitiva, opuesta a los verdaderos sentimientos.

Por tanto, insiste en la eficacia de escucharse a uno mismo con tolerancia, para saber con exactitud lo que se siente en cada momento y todo ello llevará a reconocer como estoy o qué experimento respecto a mí y respecto al otro.



En el momento en que uno se acepta como un individuo imperfecto, que no siempre actúa como quisiera, es cuando uno tiene el poder de modificarse. Ese es el valor: el permitirse comprender al otro, entendiendo su marco de referencia y descubriendo los canales que pueden permitir comunicar sentimientos. Cuando aceptas de un individuo todas sus partes, por ejemplo: sus sentimientos, actitudes y creencias que manifiesta, entonces es cuando lo estas ayudando a convertirse en una persona.

Contra más tengas la actitud como terapeuta de abrirte a las dos realidades: propia y la del otro, más estás centrado y -aunque parezca una contradicción-, más cambios se operan en ambas partes.

Rogers propone dentro de sus enseñanzas y experiencia desde la perspectiva del terapeuta, el mirar a la confianza: cuando se puede confiar en la propia experiencia, sintiendo que una determinada actividad es valiosa, efectivamente es que debe valer la pena. La percepción propia a veces es más confiable que la intelectual y todo y el riesgo de sus afirmaciones, cree que cuando se sigue un camino que parece verdadero aunque sea poco convencional, tarde o temprano, resulta positivo. Y de ahí, la segunda enseñanza importante como terapeuta: la evaluación de los demás no es una guía para uno mismo.

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